Cuentos

La Mala Suerte

Caminando por la selva se topa con un león dormido.

Poniéndose de rodillas ante él, murmura:
- Por favor, no me comas.

La bestia sigue roncando. Esta vez grita:
- ¡Por favor, no me comaaas!

El animal no se da por enterado. Temblando, abre las mandíbulas y acerca su cara a los colmillos para
volver a gritar el ruego. Inútil. La fiera no despierta.

Histérico, comienza a darle patadas en el trasero:
- ¡No me comas! ¡No me comas! ¡No me comas!.

El león despierta, salta sobre él y, furioso, comienza a devorarlo. El hombre se queja:
- ¡Qué mala suerte tengo!.

 

Alejandro Jodorowsky


El talento

- Maestro, tengo un problema con mi hijo
- Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

- ¿Qué harás? – dijo el maestro

- ¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!

- Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo.
- Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.

 

Alejandro Jodorowsky


Cazar la luna

Un arquero quiso cazar la luna.

Noche tras noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro.
Los vecinos comenzaron a burlarse de él.
Inmutable, siguió lanzando sus flechas.
Nunca cazó la luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.

 

Alejandro Jorodowsky


El elefante

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba poderosamente la atención, el elefante. Después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.Sin embargo la estaca era un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.

 

¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?


Cuando era chico, pregunte a los grandes. Algunos de ellos me dijeron que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces, la pregunta obvia:

 

- Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

 

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca.

 

Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.”

 

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro…

 

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

 

Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque
¡Cree que no puede!


Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

 

Y tú, ¿tienes algo de elefante?

 

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que “no podemos” hacer un montón de cosas simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: no puedo, no puedo y nunca podré.

 

Muchos de nosotros crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar ni cuestionar. Esto es lo que nos pasa, vivimos condicionados por el recuerdo de una persona que ya no existe en nosotros, que no pudo. Tu única manera de saber si PUEDES es intentarlo poniendo en ello TODO TU CORAZON!.

 

Jorge Bucay


El caballo y asno

Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose cansado, le dijo al caballo:

- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo. Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:

- ¡Qué mala suerte tengo!
- ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima!

 

Maestro: lo que das, te lo das … lo que no das, te lo quitas

 

Fábula de Esopo, escritor de la antigua Grecia



El águila, el cuervo y el pastor

Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.

 

Un cuervo que la vió,trató de imitar al águila y se lanzó sobre una oveja, pero con tan mal conocimiento en el arte, que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.

 

Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.

 

Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les dijo:

- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

 

Moraleja: Acéptate tal como eres (eres único y perfecto) y no intentes ser otro.


Fábula de Esopo, escritor de la antigua Grecia


El momento presente

Ahora

Un hombre se le acercó a un sabio anciano y le dijo: Me han dicho que tú eres sabio.... Dime algo que haces que te lleva a serlo.

 

El anciano le contestó: Como cuando como, duermo cuando duermo, y hablo contigo cuando hablo contigo.

 

Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre.

 

Yo no lo veo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes estas pensando en los problemas que tuviste durante el día o podrás tener cuando te levantes. Cuando comes estas pensando en lo que vas a hacer luego y cuando hablas conmigo estas pensando en que preguntarme o responderme antes de que yo termine. El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.

 

Anthony de Melo 


El triple filtro de Sócrates

Sócrates

En la antigua Grecia (469 – 399 AC), Sócrates era un maestro reconocido por su sabiduría. Un día, el gran filósofo se encontró con un conocido, que le dijo muy excitado:

 

- “Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?”

 

- “Un momento” respondió Sócrates. “Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Sellama la prueba del triple filtro”.

 

- “¿Triple filtro?”

 

- “Eso es”, continuó Sócrates. “Antes de contarme lo que sea sobre mí alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. El primer filtro es el de la Verdad. ¿Estás completamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?”

 

- “No, me acabo de enterar y…”

 

- “Bien”, dijo Sócrates. “Así que no sabes si es cierto lo que quieres contarme. Veamos el segundo filtro, que es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?”

 

- “No. Todo lo contrario…”

 

- “Con que” le interrumpió Sócrates, “quieres contarme algo malo de él, que no sabes siquiera si es cierto. Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la Utilidad. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?”

 

- “No. No mucho.”

 

- “Por lo tanto” concluyó Sócrates, “si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?”.


Obstaculos

¡Nunca te rindas!

Pon este cuento, cierra los ojos, escucha, visualiza...y déjate llevar! Luego me cuentas.